El Monumento a la Independencia

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Los mexicanos nos las gastamos bien para ponerle a las cosas nombres que no corresponden, como el Ángel de la Independencia, o la Columna de la Independencia, cuanto ese no era en realidad su nombre, sino sólo Monumento a la Independencia. Además, el “Ángel” no es un ángel, sino la diosa griega de la victoria, Niké. Si, ya sé que el nombre les suena conocido, y no es coincidencia.

Y en este caso, la tercera fue la vencida, pues le primer proyecto lo inició el Presidente Santa Anna, e iba a estar en el Zócalo, pero ya conocemos como le gustaba gastar el dinero a ese hombre, así que se tuvo que dejar por falta de presupuesto.
El segundo intento fue de Maximiliano, e incluso él sentó las bases de lo que sería la columna en el Paseo de la Reforma, pero el proyecto se detuvo por causas de todos conocidas. Pero las bases de la construcción ahí quedaron.
Fue Porfirio Díaz quien con motivo del Centenario, decidió retomar el proyecto. El mismo fue realizado por dos maestros: Roberto Gayol realizó la parte arquitectónica, y Enrique Alciati la escultura principal y los bajorrelieves.

Como una última nota curiosa, el actual Ángel es sólo parcialmente el original: El primero se derrmbó en el terremoto del 28 de julio de 1957, y fue reconstruido parcialmente. Con esa historia tan agitada ¿Cómo no sería el símbolo de la Ciudad de México?.